El texto , que se daba por perdido desde hacía años, ha aparecido en una colección privada en Estados Unidos.
Poco antes de su huida de París, en junio de 1791, el rey Luis XVI redactó un documento para justificar su marcha ante los franceses: la Declaración a todos los franceses, un texto de 16 páginas que la tradición ha convertido en su testamento político. En este texto, el monarca da su visión sobre los acontecimientos revolucionarios y habla de su ideal político: una monarquía constitucional fuerte. El soberano pidió a su intendente, La Porte, que llevase ese manuscrito al despacho del presidente de la asamblea, Alexandre de Beauharnais, al día siguiente de dejar París.
Según el historiador Jean-Christian Petitfils, aunque se ignoraba el paradero original, el contenido era bien conocido, ya que se reprodujo en muchos documentos parlamentarios. El grafólogo Thierry Bodin está convencido de que el texto es de puño y letra del monarca, y piensa que se conservó hasta el proceso contra el rey en diciembre de 1792, para desaparecer luego sin dejar rastro. Se cree que pudo haber pertenecido al famoso coleccionista Étienne Charabay, de mediados del siglo XIX, aunque no aparece en ninguna lista de venta de manuscritos. En la década de 1950 se detectó su presencia en una posible transacción, pero el original no apareció y se perdió ota vez.
El coleccionista francés Gerald Lhéritier, presidente de la sociedad Aristophil, dedicada a la compra de manuscritos antiguos, emprendió la busqueda del documento que se encontraba en poder de un coleccionista estadounidense. En texto, además, iba acompañado por un manuscrito de ocho páginas obra del conde de Provenza, hermano pequeño del monarca y luego rey como Luis XVIII, que enumera las injusticias sufridas por la familia real desde 1789.
Fuente: Historia, National Geographic
sábado, 22 de agosto de 2009
miércoles, 21 de mayo de 2008
Palacio de Jorsabad
Cuando en el año 717 a.C. Sargón II se hizo con el trono asirio, mandó edificar una nueva capital, Dur Sharrukin -fortaleza de Sargón-, a 15 km al norte de la antigua capital, Nínive. Según sus propios grabados, "Sargón II construyó la ciudad a los pies del monte Musri, más allá de Nínive, con la ayuda de esclavos capturados y con sus propias manos (...) Dedicó día y noche a proyectar la ciudad para hacerla habitable, para construir sus grandes santuarios, las sedes de los grandes dioses y los palacios de su real residencia". El monumento principal en Dur Sharrukin -ahora llamada Khorsabad- así como en Asiria no era el templo sino el palacio. El monarca era el gran dominador de pueblos y caudillo de expediciones guerreras, y para su goce y señal de omnipotencia se levanta el palacio, símbolo de su poder. El mejor conocido de todos los palacios es el de Dur Sharrukin. Estaba edificado sobre una enorme plataforma con varias rampas de acceso y se encuentra dentro de un recinto amurallado reforzado por torres. La muralla tiene varias puertas monumentales defendidas por gruesos torreones, flanqueadas por gigantescas estatuas de toros alados de ocho patas. Las dependencias se organizan alrededor de diversos patios. El principal tiene al fondo el gran salón del trono. A la izquierda se levantan el zigurat y, dispuestos alrededor de sendos patios, los tres templos al dios visible. En el lado opuesto y teniendo también como eje un gran patio se encontrarían las dependencias administrativas y las habitaciones de la servidumbre. Sobre la meseta, separado del palacio, se levanta el hilani, pequeño templete con columnas de influencia hitita. Los relieves que decoran el palacio hacen referencia a la vida del rey Sargón, destacando las parejas de toros antropocéfalos alados.
Extraido de: artehistoria.com
Sumer y el templo oval de Khafadye
Hacia el año 2900 a.C., la Mesopotamia meridional estaba dividida en dos regiones: Akkad, al N, desde Abu Salabikh hasta el límite norte de las llanuras aluviales, y Sumer, al S, desde Eridu hasta Nippur. Las primeras tablillas en barro traducidas por los arqueólogos descubrieron que los escribas llamaban Sumer a la tierra situada entre los ríos Tigris y Eúfrates. Con el paso del tiempo, esa misma región sería llamada Babilonia y, hoy en día, Irak. Sumer no era un país propiamente dicho, sino un territorio formado por varias ciudades-estado, cada una de ellas con su propio soberano. Éste era también el representante de la deidad y quien controlaba los recursos del templo, la institución más rica y el principal terrateniente de la ciudad. Uno de los templos sumerios más monumentales fue construido en Khafadye en los últimos tiempos del Dinástico Arcaico Sumerio -entre los años 2700-2400 antes de Cristo-. Templo oval consagrado a un dios desconocido, presenta la novedad de estar rodeado por una doble muralla que cerraba un recinto de 103 metros de longitud por 74 de anchura. El templo está edificado sobre una alta plataforma de tres niveles y aislado del resto urbano por potentes defensas de perímetro ovalado. En su interior, además de las instalaciones propias del culto, existían almacenes, cocinas, talleres y otras dependencias administrativas.
Fuente: artehistoria.com
Mesopotamia - Introducción
El Antiguo Oriente Medio y Mesopotamia conforman una vasta región y una de las cunas de la civilización. Es en esta extensa zona donde se produjo la transición fundamental desde las formas de vida basadas en la caza y la recolección hacia la agricultura. Es aquí donde por primera vez fueron levantados templos y ciudades, donde primero se trabajó el metal, donde apareció la escritura y donde surgieron grandes reinos e imperios. El corazón del Oriente Medio es Mesopotamia, "país entre ríos", como la llamaron los historiadores griegos. Esta inmensa área geográfica, de casi 80.000 km2, comprende el actual Irak y zonas de Irán y Siria. Fueron los ríos Tigris y Eufrates quienes, gracias a irrigar las fértiles llanuras por las que discurren, posibilitaron la vida en esta región de condiciones extremas, con temperaturas actuales por encima de los 50º en verano y muy escasas lluvias anuales.
Fuente: Artehistoria.com
lunes, 19 de mayo de 2008
Batalla de Issos
La batalla de Issos fue un encuentro armado que enfrentó a Alejandro Magno, rey de Macedonia, contra el rey persa, Darío III Codomano, en el año 333 adC.
Antecedentes:
Tras derrotar al sátrapa local en la batalla del Gránico, la resistencia persa organizada desaparece en Asia Menor, exceptuando algunos focos aislados como Mileto o Halicarnaso. Después de pasar un año asegurando su conquista de la península de Anatolia (actual Turquía), Alejandro comienza su ofensiva hacia Siria, con el propósito de neutralizar la peligrosa flota persa capturando sus puertos.
Cuando Alejandro se encontraba en Tarso (Cilicia), le llegaron noticias de que Darío amasaba un gran ejército en Babilonia. Si Darío conseguía alcanzar el Golfo de Issos, podía utilizar el apoyo de la flota persa al mando de Farnabazo III, que aún operaba en el Mediterráneo, facilitando su suministro y probablemente desembarcando tropas en su retaguardia. De este modo, el macedonio dejó su ejército principal en Tarso, pero encargó a Parmenio tomar la costa alrededor de Issos.
En noviembre, Alejandro recibió informes de que el gran ejército había entrado en Siria. Decidió reagrupar su disperso ejército y avanzar hacia el sur desde Issos a través del paso de Jonás, las «Puertas de Cilicia».

Darío, sabedor de que las tropas de Parmenio defendían el paso, eligió una ruta más septentrional. Los persas capturaron Issos sin oposición y asesinaron a todos los heridos que había dejado atrás Alejandro. El rey persa se encontró con que su ejército se había situado tras los macedonios, cortando sus líneas de suministro. Avanzó entonces hacia el sur, llegando hasta el río Pinaro antes de que sus espías le informaran de que habían localizado a Alejandro marchando hacia el norte. Formó pues a sus tropas en línea de batalla en la estrecha llanura junto a la costa.
La Batalla
Primera fase: La situación del ejército persa, en un estrecho llano entre las montañas y el mar, impedía a Darío sacar ventaja de las grandes masas de infantería. Alejandro envió a algunas unidades de su caballería de Compañeros desde el centro al flanco derecho. Su carga súbita, cruzando el río, (en un vado de arroyo pobremente guardado por Darío) funcionó demasiado bien: el flanco derecho atacó, abandonando su posición original, mientras el centro pasaba a la defensiva. Esto abrió momentáneamente una brecha en la línea de combate macedónica. De haber explotado esta ventaja, Darío podría haber empujado al ejército macedonio hacia el mar.
Segunda fase: Alejandro, sin embargo, en lugar de retirarse para cubrir el hueco entre la caballería y las falanges, desvió a sus Compañeros sobre el flanco izquierdo persa, creando confusión en las filas enemigas y rompiendo su cohesión. Mientras el Gran Rey intentaba en vano maniobrar su ejército para enfrentarse a la nueva amenaza, la falange e infantería pesada de Alejandro cargaron en el centro, acabando con el poco orden que existía en el ejército persa.

Desenlace:
Hasta el momento, los persas habían resistido en su flanco derecho (infligiendo serias pérdidas al flanco izquierdo de la caballería Tesalia de Alejandro en el proceso), pero se hundieron al ver huir al resto del ejército. Darío viró su carro cuando vio caer el ala izquierda, huyendo del campo de batalla. Cuando el suelo se hizo demasiado inestable para su carro, finalmente lo abandonó junto a todo su equipo y siguió cabalgando a lomos de uno de los caballos. Cuando los persas vieron huyendo al Gran Rey, abandonaron definitivamente sus posiciones en desbandada. La caballería macedonia persiguió a los persas hasta que se ocultó el sol. Lo que siguió fue una masacre.
Las notas de Ptolomeo I, recopiladas por Arriano, mencionan que Alejandro y sus guardaespaldas, en persecución de Darío, cruzaron una grieta cabalgando sobre los cuerpos de los persas muertos.
Fuentes: Wikipedia y artehistoria.com
jueves, 15 de mayo de 2008
Descifran una tabla con anotaciones astronómicas de hace 5.000 años
Una pareja de investigadores británicos ha descifrado el texto escrito en caracteres cuneiformes sobre una tablilla de arcilla asiria del año 700 a.C. conocida como “el Planisferio”. Sus pesquisas revelan que se trata de una copia de las anotaciones realizadas por un astrónomo sumerio hace más de 5.000 años. La mitad de los símbolos conservados reflejan las posiciones de los planetas y las constelaciones del cielo nocturno en una fecha concreta, que con ayuda de un potente software los científicos han identificado como el 29 de junio del año 3123 a.C. El resto de los dibujos hace referencia a un asteroide, que el texto describe como "una bola blanca de piedra que se acerca".
Según el profesor de aeronáutica Mark Hempsell, coautor del trabajo, las inscripciones se refieren a un asteroide que impactó en aquella fecha en Köfels, en los Alpes austríacos. Según su reconstrucción de los hechos, aquel meteorito cayó en un ángulo muy bajo, cortó una montaña llamada Gaskogel y explotó convirtiéndose en una bola de fuego. Al impactar en Köfels generó enormes presiones que pulverizaron la roca y provocaron un deslizamiento. Además, simultáneamente se generó una avalancha de llamas sobre el Mediterráneo y se formó una nube de humo que habría sido visible para centenares de miles de personas. Ese humo, agrega Hempsell, se menciona también en la tabla sumeria. El hallazgo explica la proliferación de leyendas apocalípticas de esa época -al menos veinte- en todas las culturas mediterráneas, entre ellas la historia bíblica de la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra.
Fuente: Muy interesante
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